C.F.T.
La aficion a los toros es nuestra cultura.

En nuestra tierra de Languedoc-Roussillon, cuando se trata de tradición taurina, algunos pretenden diferenciar cultura camarguesa y cultura hispánica.

Hace poco, estuvimos en el departamento de Gers, dondé se juntarón los presidentes de clubes taurinos ; el presidente de la « course landaise » estuvo presente y nos conto que varios de sus socios le reprochaban haber tomado parte a tal acontecimiento. El, contestó que, al contrario, se encontraba muy a gusto entre nosotros, ya que la cultura taurina es una.

El adorar al dios-toro se remonta a los primeros tiempos de nuestra historia. El culto a Mithra nació entre el Tigre y el Euphrate y, en su apogeo, se extendió hasta mas alla del muro de Adriano en Escocia, bajo el imperio romano.

Era la misma veneración la que se encontraba en Creta, bajo el reino de Minos asi como la que hoy dia sigue celebrandose en varias de sus ramas ; algunas se extendieron hacia los Andes indias, vinculandose alli con el culto al condor. Y podemos mentar ademas las lidias de vacas en Suiza o los enfrentamientos entre toros en Japon, o tambien la « course libre » en Africa.

En resumen, en cada sitio de esta Tierra donde se encuentran toros, el hombre siempre ha venerado a ese animal. En nuestra comarca, tenemos la suerte que permanezcan dos tradiciones paralelas. Una de ellas, la corrida, no deja de recordarnos al rito cristiano con su sacrificio sangriente.

El Centro Francés de Tauromaquia se enmarca en esa tradición milenaria que brota de la cuenca mediterranea, fuente de nuestra civilizacion eterna. Sigue perpetuando esta cultura mediante nuestra juventud, con un rito iniciatico violento pero tan sumamente florido y matizado de orgullo.